El periodista y conductor de televisión Alfredo Lamadrid vivió una noche de terror junto a su esposa luego de que un grupo de delincuentes ingresara a su domicilio en Las Condes durante la noche del miércoles 26 de agosto.
Al menos tres sujetos irrumpieron en la vivienda tras forzar el portón exterior y romper una ventana del living. La pareja se encontraba viendo televisión cuando fue sorprendida por los antisociales, quienes los intimidaron con armas blancas y objetos contundentes.
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Delincuentes se llevaron joyas y relojes
Los asaltantes registraron el inmueble y sustrajeron principalmente joyas y relojes de alta gama, entre ellos las argollas de matrimonio de Lamadrid y su esposa. El avalúo preliminar de las especies robadas alcanzaría los $10 millones.
El episodio también tuvo momentos insólitos. Al notar el impacto que el asalto provocó en la esposa del comunicador, uno de los delincuentes incluso le habría ofrecido un vaso de agua.
Además, el hijo de la pareja llegó al domicilio justo cuando los sujetos se preparaban para escapar.

«Entraron tres ñatos con armas»: el relato de Alfredo Lamadrid
Tras el asalto, Lamadrid relató lo ocurrido y entregó detalles de los momentos de tensión que vivió en su propia casa.
«Estábamos sentados viendo televisión y de repente entran tres ñatos con armas. Bueno, ¿Qué vamos a hacer? Hay que acostumbrarse a este país que tenemos», comentó.
El periodista explicó que los delincuentes los obligaron a entregar sus pertenencias.
«Nos intimidaron con cuchillos para que les entregáramos las joyas, los relojes, y a mí me sacaron el que tenía. (Igual) mi argolla de matrimonio, también a ella», señaló.
Lamadrid también detalló el valor de algunas de las especies sustraídas.
«No tenemos grandes robos más que las joyas de mi mujer, que son de un costo alto. Dos relojes míos, los jeans también son de un costo alto. Bueno, así se vive hoy día», agregó.
Finalmente, el comunicador aseguró que su esposa quedó «muy dañada» emocionalmente tras el violento episodio. Pese a la intimidación, afirmó que el delincuente que permaneció junto a él no llegó a agredirlo físicamente.