La maternidad no llegó acompañada de la historia familiar que había imaginado Mariela Montero. La exchica reality argentina recordó el complejo quiebre sentimental que enfrentó poco después del nacimiento de su hijo Lautaro y cómo tuvo que asumir su crianza en solitario.
La trasandina abordó este capítulo de su vida en «Dale Color», programa de televisión y pódcast conducido por Eugenia Lemos para Mega 2. Allí reconoció que siempre soñó con formar una familia, especialmente porque había recibido un diagnóstico de infertilidad antes de convertirse en madre.
Sin embargo, las dificultades de pareja terminaron por cambiar sus planes. «Me vi en la obligación de ser mamá soltera, porque yo quería hacerlo en familia, pero no se pudo; había cosas que eran insostenibles en aquella relación», confesó.
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También recordó con especial crudeza el momento en que decidió poner fin a la relación. Según relató, se encontró sola en su departamento, rodeada de bolsas de basura que utilizó para guardar sus pertenencias porque ni siquiera tenía cajas para la mudanza, mientras su hijo todavía gateaba.
A partir de su experiencia, Montero aprovechó de entregar un mensaje a otras mujeres, invitándolas a no permanecer en relaciones donde no se sienten queridas ni valoradas. «Nadie merece ser infeliz», enfatizó.

Mariela Montero encontró apoyo en su fe tras la separación
Durante la conversación, la argentina también contó que su espiritualidad fue fundamental para enfrentar uno de los períodos más difíciles de su vida.
En ese contexto, recordó un episodio que vivió en una plaza, cuando una desconocida se acercó para orar por ella y mencionó aspectos personales que, según aseguró, no tenía manera de conocer.
«Tuve pensamientos súper negativos, pero la fuerza mía viene de Dios. Me empezó a decir cosas de mi vida que no tenía cómo saber; me quebré y empecé a llorar sin parar», relató.
Por otra parte, Montero habló de su participación en «Fiebre de Canto», asegurando que llegar al programa era un anhelo que había manifestado en sus oraciones.
«Estar en Fiebre de Canto se lo pedí a Dios. Le dije: ‘A mí me encantaría estar en Fiebre de Canto, no estoy cantando tan bien porque no canto hace rato, pero creo que me haría feliz y me desafía’. Al día siguiente me llamaron», expresó.
Finalmente, cerró con una reflexión sobre la fe y la confianza en una misma: «Tenemos que creer en Dios y en nosotras también, es lo que nos queda».
