La Copa Libertadores vivió una noche caótica este jueves en el Estadio Atanasio Girardot, donde el duelo entre Independiente Medellín y Flamengo terminó suspendido y posteriormente cancelado tras una serie de graves incidentes protagonizados en las tribunas.
El ambiente ya estaba cargado incluso antes de que el partido pudiera desarrollarse con normalidad. Apenas se habían disputado tres minutos cuando el árbitro Jesús Valenzuela decidió detener el encuentro debido a la excesiva presencia de bengalas, fuegos artificiales y una nube de humo que reducía drásticamente la visibilidad dentro del campo de juego. Los jugadores fueron enviados a camarines mientras se evaluaba la situación.
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Invasión de hinchas a la cancha y protestas
Lo que ocurrió después terminó por sentenciar el compromiso. En medio de la pausa, se registraron invasiones momentáneas al terreno de juego por parte de hinchas, mientras otros sectores del estadio encendían fuego y continuaban lanzando pirotecnia, generando un escenario de total descontrol.
Ante la imposibilidad de reanudar el encuentro en condiciones seguras, las autoridades tomaron la decisión de cancelar definitivamente el partido y evacuar el estadio. El proceso se realizó en dos fases: primero salió gran parte del público local y luego fueron retirados los hinchas de Flamengo bajo custodia.
En paralelo a los disturbios, comenzaron a circular versiones sobre el origen de las protestas de la hinchada de Independiente Medellín. Según información preliminar, el descontento estaría vinculado a cuestionamientos hacia la dirigencia del club y también hacia la Conmebol. En las tribunas se observaron mensajes dirigidos como «ladrones» y acusaciones relacionadas con supuestas influencias externas en el fútbol, incluyendo casas de apuestas.
Con el encuentro oficialmente suspendido, ahora será la Conmebol la encargada de analizar los informes del partido y definir eventuales sanciones. Lo ocurrido en Medellín deja uno de los episodios más graves de la presente edición del torneo continental.