La FIFA confirmó recientemente la puesta en marcha de la llamada «Ley Vinícius», una serie de modificaciones reglamentarias que buscan endurecer las sanciones frente a conductas antideportivas y episodios de discriminación en el fútbol. Las nuevas medidas comenzarán a aplicarse oficialmente a partir del Mundial de 2026.
El origen de esta decisión se vincula a un polémico episodio ocurrido en el duelo de Champions League entre el Benfica y el Real Madrid, donde el jugador argentino Gianluca Prestianni fue sancionado tras un enfrentamiento con el delantero brasileño Vinícius Júnior.
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Durante aquel partido, Vinícius Jr. denunció que Prestianni le habría dirigido el insulto «mono» tras marcar un gol. Si bien no se logró comprobar de forma concluyente la existencia de insultos racistas, el Comité de Disciplina de la UEFA sí determinó la existencia de expresiones consideradas homófobas, las cuales motivaron la sanción correspondiente.
Como resultado, el organismo europeo impuso una suspensión de seis partidos al futbolista argentino, de los cuales tres quedaron en suspenso bajo condición.

Nuevas reglas disciplinarias rumbo al Mundial 2026
A raíz de este tipo de situaciones, la FIFA decidió reforzar su reglamento con el objetivo de prevenir comportamientos que puedan generar conflictos dentro del campo de juego o agravar tensiones entre jugadores.
La denominada «Ley Vinícius» contempla, entre sus principales modificaciones, la posibilidad de sancionar con tarjeta roja a aquellos futbolistas que realicen gestos provocativos, como taparse la boca al dirigirse a un rival, una acción que habría estado presente en el episodio que involucró a Prestianni.
Asimismo, el nuevo reglamento establece que los árbitros tendrán la facultad de expulsar a jugadores que abandonen el terreno de juego en señal de protesta frente a una decisión arbitral, reforzando así la autoridad dentro del campo.
Estas modificaciones comenzarán a regir oficialmente desde el inicio del Mundial de 2026, programado para el 11 de junio de ese año, torneo que marcará un antes y un después en la aplicación de normas disciplinarias más estrictas.
Con esta decisión, la FIFA busca enviar un mensaje claro: reducir al máximo los episodios de discriminación, protestas excesivas y conductas que puedan afectar el desarrollo normal del juego en la máxima cita del fútbol mundial.